Posteado por: cddbuenosaires | mayo 18, 2009

Una feminista en la feria
Por Coca Trillini | 8.5.2009

Llegar a la sala Jorge Luis Borges de la Feria de Libro fue una carrera de obstáculos. Los accesos a la ciudad de Buenos Aires estaban colapsados por el acto sindicalista anticipado del 1 de mayo. En la espera de un tránsito lento y agresivo por llegar, pensaba como conjugaría el cantar, el estado nación, y los derechos una feminista de América del Norte, que conocía por haber leído algunos de sus libros.

 

El anuncio de la llegada de Judith Butler, a la Argentina para presentar su último libro traducido en nuestro país, hizo que preguntara a varias mujeres si tenían interés en compartir la charla. Acordamos que nos pondríamos en contacto según fuéramos llegando y entonces los celulares cobrarían vida para colaborar con el encuentro.

Llegué a la Feria del Libro por la entrada de Sarmiento, lo que significó recorrer ese largo pasillo blanco, una manga que une sectores, antes de llegar al final me encontré con una fila que crecía con rapidez constate, era  el lugar de encuentro, allí  me quede celular en mano. Judith Butler, militante feminista y filósofa post-estructuralista que relaciona en sus textos   el psicoanálisis, la antropología  y la literatura cuenta que este es un libro pequeño fruto de un dialogo entre ella y Gayatri Chakravorty Spivak, una intelectual india que se define a sí misma como marxista-feminista-deconstructivista y que Butler la presenta como su amiga.
¿Cómo podrán influir los estudiantes de literatura comparada en la globalización? ¿Cómo podremos articular el concepto de Estado-Nación con los recursos de la estructura literaria?Fueron las preguntas que se plantearon las dos mujeres cuando surgió la invitación al diálogo con los estudiantes que dio como fruto el texto que se presentaba: ¿Quién le canta al Estado Nación?, publicado por Editorial Paidós.

Una mesa conformada por la presentadora, el traductor y una Judith de carne y hueso, sonriente y atenta a la traducción que le hacían de la presentación comenzó su exposición. “Entonces el diálogo es construcción” dijo y frente a un grupo de lo más heterogéneo, narró el acontecimiento que impulsó la reflexión.
En una manifestación de inmigrantes ilegales hispanos en California y en Los Ángeles, la mayoría mexicanos pero no todos, bajo la consigna “Nosotros también somos Norteamérica” cantaron el himno estadounidense en castellano junto con el himno de México.

Cantar una acción que busca ordenar una armonía,  unidad imaginaria que genera el cantar por que hay un conflicto detrás donde los que no tenían  derecho cantaban para afirmar que deberían tener derecho. La izquierda estadounidense les pedía que no cantaran el himno nacional (“no queremos un amor al país, sólo los conservadores cantan el himno nacional”). De pronto parecía que los inmigrantes ilegales se alineaban con un sentimiento conservador.
Los conservadores, al mismo tiempo, se quejaban y decían que no tenían que cantar el himno en castellano sino en inglés. La mayoría exigía que se cantara el himno en el idioma obligatorio de los Estados Unidos. Esto las llevó a preguntarse si los inmigrantes ilegales estaban del lado de la izquierda o de la derecha. Lo que le decían a todos era: “tenemos este derecho de cantar el himno a pesar de que todavía no nos dieron ese derecho”.

Mientras escuchábamos a Butler, se oyó en algún lugar cercano a la sala, una fanfarria del ejército que ejecutaba marchas  militares lo que motivó la risa de las que estábamos allí y de la misma Judith. ¿Casualidades?

Ahí estaba la palabra, el diálogo como construcción,  traducirse al idioma dominante para  estar integrado, para poder peticionar, para saberse ciudadano aunque no se tenga aún derechos, necesidad de hacerse entender que no quiere decir uniformidad.  “Derecho a tener derechos”, según Hannah Arendt. Reclamar el ejercicio de la libertad que sólo corresponde a la ciudadanía es hacer ejercicio de esa libertad en forma incipiente, se comienza por apropiarse de aquello que se pide. La libertad no es un derecho, si no un ejercicio, que se alcanza por ser ejercido en acciones concertadas por un nosotros.

Cuando he leído a Butler, me ha parecido difícil y fui sin tantas expectativas, sin embargo a medida que iba pasando el tiempo me sentía cada vez mas entusiasmada al escuchar lo complejo de integrar la diversidad, la multiculturalidad, la resistencia pública en una unidad que garantiza integración o que continua colonizando. De pronto me dije, hay que leer el libro, porque igual que su título, tiene la capacidad de cantar canciones actuales.

Al finalizar, la presentadora le hizo algunas consultas mientras esperábamos el turno para poder preguntar los asistentes.  De pronto se quiso dar por terminado el encuentro y un murmullo fuerte obligo al intérprete  a traducir a Judith una voz joven que explicaba la costumbre de dar espacio para las preguntas del público.  “Tomamos diez minutos y me echan la culpa a mí por el retraso horario” dijo Butler y se escucharon algunas preguntas que contestó acompañadas de caras y gestos cómicos según la ocasión.

Dos preguntas y sus repuestas me dejaron pensando. Al preguntarle su opinión por el presidente Obama, respondió que si bien era el mejor presidente que ha visto en la vida, hace una diferencia entre esperanza y redención. “Si el presidente promete esperanza está bien, ahora si promete redención/rescate algunos ciudadanos vamos a quedar desilusionados”.

Una asistente le explicó el modo de actuar de las mujeres en América latina frente a la falta de derechos sexuales y reproductivos. Puntualmente, frente a la penalización del aborto había hecho un paralelo entre los inmigrantes mejicanos y el actuar de las  mujeres, como forma de resistencia activa. Butler respondió que era una buena analogía, que tanto la penalización del aborto como la homosexualidad, son cuestiones que cambian rápido en cuanto se desprivatizan; hay cambios de ordenes establecidos y se da derechos a quienes no los tienen.
Ya no más celulares. Aplausos finales, comentarios, impresiones, temas que surgen, discusiones pendientes. Valió la pena  mantenerse en la carrera de obstáculos hasta el fin.

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