Posteado por: cddbuenosaires | abril 14, 2009

Desatando los nudos de la violencia- Junin de los Andes

 

Por Sonia Santoro, desde Junín de los Andes | 31.3.2009

A mediados de marzo se llevó a cabo en Junín de los Andes un encuentro de mujeres con el objetivo de develar la violencia religiosa en la vida cotidiana de las mujeres. El evento estuvo organizado por Católicas por el Derecho a Decidir-Buenos Aires y Mujeres Saludables. Una crónica de este encuentro. Setenta mujeres sentadas en un círculo miran hacia un centro hecho de pañuelos. Decenas de pañuelos que simbolizan sus historias y que a lo largo de la jornada se irán llenando de nudos, los nudos personales y sociales que las hacen seguir repitiendo viejos esquemas de tradiciones, mitos y religiones que perpetúan la violencia que sufren las mujeres diariamente. Hacia el final, esos nudos se irán desatando, liberando simbólicamente a las mujeres de esas situaciones de violencia, mientras danzan en círculo, hacen un pequeño baile y cantan. Ocurrió en Junín de los Andes, a mediados de marzo, en el marco de un encuentro de mujeres organizado por Católicas por el Derecho a Decidir-Buenos Aires junto al grupo Mujeres Saludables de la localidad neuquina.

Algo similar pasó también en la ciudad de Catamarca, el lunes pasado, como parte de un proyecto que viene realizando CDD-Bs As, financiado por el Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), para develar la violencia religiosa en la vida cotidiana de las mujeres.

Las mujeres eran maestras, diputadas, psicólogas, victimas de violencia, amas de casa, dueñas de posadas turísticas, maestras de yoga, mujeres.

Coca Trillini, coordinadora de CDD y a cargo del encuentro, explicó que la propuesta busca trabajar un doble proceso, personal y comunitario; primero hay que buscar en nosotras mismas nudos de violencias en nuestra historia personal, laboral, social. Luego se enfoca la violencia de género desde la tradición católica porque América Latina tiene una forma de haberse ”amasado” culturalmente desde la tradición católica, más allá de que seamos católicas o no: ”somos respetuosas de las creencias, pero criticamos símbolos, tradiciones que se han naturalizado y juegan en nuestra contra al momento de hablar de violencia de género”. Creencias que hacen que la vida de las mujeres esté, aún inconscientemente, regida por patrones de conducta, tradiciones, costumbres que van cercenando sus derechos y colocándolas en lugar de víctimas de violencia.

”Entendemos por violencia religiosa: el perjudicar a otros en razón del credo que profesa o por el que no lo hace, la agresión se basa en la diferencia de creencias o prácticas religiosas, o cuando un bando daña a otros por que éstos no ceden a sus dictámenes, o simplemente cuando algunos se convierten en blanco de otros por no adherir a ninguna creencia o práctica religiosa establecida”, dijo Trillini.

En el encuentro, se trabajó con el video ”Religión y violencia contra las mujeres”, producido por Cdd Brasil, un material que intenta a lo largo de su trama develar cómo las instituciones que deben dar cobijo, seguridad y garantía del ejercicio de los derechos humanos, como las familias, las escuelas, las religiones, son muchas veces los lugares donde mujeres y niñas corren serios riesgos. El video recorre los dos modelos de mujeres que propone la Iglesia Católica: Eva, seductora, mujer que desobedece, pecadora; y María, mujer sin erotismo, pasiva y obediente.  Mientras que las figuras masculinas son Dios, todopoderoso, el patriarca, y Jesús, el salvador; figuras que se pueden unificar. Una frase impactó mucho a las mujeres fue ”Mientras dios sea masculino, los hombres serán dioses”.  Con estas imágenes, las mujeres pudieron ver que los símbolos refuerzan la desigualdad. Y no solo en la iglesia católica, los símbolos de abnegación y sufrimiento son impuestos a las mujeres desde distintas religiones.
Luego del video, la propuesta fue develar las conexiones entre nuestra historia personal y la social para ir entendiendo los procesos que llevan a la violencia.

Movilizadas, las mujeres trabajaron en grupo sus propias historias. Algunas no podían contener sus lágrimas al pensar, por primera vez, que toda su vida habían sido víctimas de violencia, como fue el caso de Carmen (nombre ficticio), una mujer de 70 años que contó que hasta la muerte de su marido no se sintió libre para hacer ni decidir sobre su vida, ya que él le hizo sentir durante 40 años que ella era inferior, que era demasiado ”boluda” (esa era la palabra que usaba), para poder trabajar o pensar. A Silvina (nombre ficticio), madre de una nena y un nene, separada, de 35 años, el encuentro le permitió revisar también un episodio de violencia vivido hacía un par de años. Su ex marido le partió la nariz de un cabezaso y ella tuvo que tomar coraje, en el medio de ese momento dramático, para animarse a acudir a la justicia.

Ahora ¿cómo, después de reconocernos como víctimas de violencia, podemos corrernos de ese lugar?, se preguntó alguien en el grupo.  ”Ese es el primer paso –respondió Trillini maestra formada en teoría de género y teología -. El segundo es hacer un proceso de empoderamiento. No decimos que el varón y la mujer somos desiguales sino que somos diversos, pero que nuestra valía es igual; aunque en nuestra tradición no ha sido así. Es importante salir del lugar de la victima pero es complejo porque todas queremos creer y se reproduce la matriz de la violencia.”

El proceso es lento. En el encuentro, por ejemplo, Claudia Mazzardi, de Mujeres Saludables Grupo de mujeres de Junín que organiza talleres sobre feminismo y problemáticas de género, y talleres de capacitación en técnicas de salud(masajes, reflexología, etc), señaló una de las dificultades: que a pesar de ser todas mujeres en el encuentro, cuando hablaban se referían a si mismas en masculino, diciendo ”cuando uno hace…” o ”nosotros”.

Hacia el final la propuesta fue que cada mujer se acercara al centro del salón y desatara nudos de los pañuelos que habían sido anudados. ”Vamos a hacer lo que podemos, no nos vamos a ir de acá con otra exigencia más; el proceso nos tiene que liberar, no cargar más”, resaltó Trillini.

Se agruparon en círculo e hicieron una pequeña danza que selló el encuentro cálidamente, con la propuesta de volver a abrirse en cada una de las presentes de aquí en más, con cambios internos que puedan trasladarse hacia el afuera.

Artemisa Noticias http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=26&idnota=6460

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